¿Qué pasa cuando todo cambia?
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Hay momentos en los que una ciudad cambia en cuestión de segundos, el pasado 10 de agosto de 2026, Pereira y diferentes municipios de la región vivieron un terremoto que nos recordó, de una manera muy fuerte, lo vulnerables que podemos sentirnos frente a algo que no podemos controlar. Y aunque poco a poco volvamos a nuestras actividades, es importante recordar algo: que el movimiento haya terminado no significa que emocionalmente todo haya vuelto a la normalidad. Podemos seguir sintiendo miedo.

Podemos estar nerviosos, distraídos, sensibles, irritables, tristes o agotados. Podemos sentir ganas de llorar, dificultad para dormir o necesidad de estar cerca de nuestros seres queridos. Y todo eso es válido. Todos somos víctimas de una situación como esta
Cuando hablamos de una tragedia, muchas veces pensamos únicamente en quienes perdieron la vida, quienes resultaron heridos o quienes perdieron sus casas y pertenencias. Por supuesto, sus pérdidas requieren nuestra solidaridad y acompañamiento. Pero también quiero que recordemos algo desde el bienestar emocional: ser víctima de una emergencia no significa necesariamente haber perdido una casa o haber sufrido una lesión. Estar presente durante un evento que amenaza nuestra seguridad también puede generar un impacto emocional.
Si estabas en Pereira cuando ocurrió, si sentiste cómo se movía el lugar donde estabas, si viste a otras personas entrar en pánico, si pensaste por unos segundos que algo podía pasarle a tu familia, si tuviste que evacuar, si después no pudiste dormir tranquila o si cada pequeño movimiento ahora te genera miedo… tu experiencia también merece ser validada.
No tenemos que comparar nuestro dolor con el de otra persona para decidir si tenemos derecho a sentirnos afectados. El dolor no es una competencia.
Podemos reconocer el sufrimiento de quienes tuvieron pérdidas enormes y, al mismo tiempo, permitirnos reconocer nuestro propio miedo.
Después del susto, pueden aparecer muchas emociones Quizás hoy sientes miedo. Quizás estás tranquila y te preguntas por qué otras personas siguen tan alteradas. Quizás estás triste. Quizás sientes rabia. Quizás estás agradecido porque tú y tu familia están bien, pero al mismo tiempo tienes culpa por sentirte agradecido cuando otras personas están pasando por una situación mucho más difícil. Quizás estás agotado y ni siquiera sabes explicar por qué.
Todas estas respuestas pueden aparecer después de una experiencia intensa. No existe una única manera correcta de reaccionar ante un terremoto, cada persona procesa lo ocurrido desde su propia historia, sus experiencias previas, sus recursos emocionales y las circunstancias que vivió durante el evento, por eso, en estos días intentemos no decirnos ni decirle a los demás:
"Ya pasó."
"No fue para tanto.
"Tienes que ser fuerte."
"Hay personas que están peor."
En cambio, podemos decir:
"Lo que sentiste fue real."
"Es comprensible que estés asustado."
"Estoy aquí contigo."
"Vamos a ir recuperando la calma poco a poco."
¿Qué puedo hacer para ayudarme emocionalmente?
1. Permítete sentir; No intentes obligarte a estar bien inmediatamente,si necesitas llorar, llora,si necesitas hablar, busca a alguien de confianza,si necesitas silencio y descanso, permítetelo, sentir miedo después de una situación que amenazó nuestra seguridad no nos hace débiles. Nuestro cerebro está intentando procesar algo que percibió como peligroso.
2. Regresa poco a poco a tus rutinas; comer, dormir, bañarnos, trabajar, estudiar, cuidar a nuestros hijos, conversar y realizar actividades cotidianas pueden ayudarnos a recuperar sensación de estabilidad. No necesitas recuperar tu ritmo habitual de un día para otro, paso a paso también es avanzar.
3. Limita la exposición constante a noticias; Informarnos es importante, pero permanecer revisando videos, redes sociales y noticias durante horas puede mantener nuestro sistema de alerta activado, busca información en fuentes confiables y establece momentos específicos para consultar las novedades.
4. Ayuda a tu cuerpo a entender que estás a salvo,cuando sientas ansiedad, prueba detenerte unos minutos, apoya los pies en el suelo, mira a tu alrededor y reconoce dónde estás,respira lentamente.
Puedes decirte: "Estoy aquí. En este momento estoy a salvo. Lo que ocurrió ya pasó. Puedo ocuparme de lo que necesito ahora." No se trata de negar el riesgo ni de convencernos de que nada puede pasar, se trata de volver al presente.
5. Busca compañía, después de una emergencia, la conexión con otras personas puede ser una fuente muy importante de regulación emocional, habla con tu familia, amigos, compañeros o personas de confianza. Pregúntale a alguien: "¿Cómo estás realmente?" y también permite que alguien te lo pregunte a ti. A veces no necesitamos que nos solucionen nada. Necesitamos sentir que no estamos solos.
6. Evita juzgar tus reacciones, puede que alguien esté muy tranquilo, puede que otra persona esté llorando, puede que alguien quiera hablar constantemente y otra persona prefiera estar en silencio, no hay una reacción universal.
Cada persona está procesando lo ocurrido a su manera, y si tengo miedo de que vuelva a temblar… Es completamente comprensible.
Después de vivir un evento sísmico, podemos permanecer más atentos a cualquier movimiento, ruido o sensación corporal. Algunas personas incluso pueden sentir nuevamente que todo se mueve aunque el entorno esté quieto.
Cuando aparezca el miedo, intenta diferenciar entre estar preparado y permanecer en estado de alarma permanente, prepararnos nos ayuda, vivir esperando constantemente la próxima tragedia nos desgasta. Infórmate sobre las rutas de evacuación, identifica lugares seguros y ten a mano los elementos básicos que necesites. Después, intenta volver al presente.
La preparación disminuye la sensación de indefensión; la anticipación constante aumenta la ansiedad.
No solamente necesitamos reconstruir edificios, hogares y espacios físicos. Necesitamos recuperar la sensación de seguridad, confianza y conexión entre nosotros.
¿Cuándo pedir ayuda?
Sentir emociones intensas después de una emergencia puede ser esperable. Sin embargo, si con el paso de los días notas que el miedo, la ansiedad, las dificultades para dormir, las crisis de angustia o los pensamientos relacionados con el evento están interfiriendo significativamente con tu vida cotidiana, buscar acompañamiento psicológico es una forma de cuidado, no una señal de debilidad.
No tienes que esperar a estar completamente desbordado para pedir ayuda, puedes pedir acompañamiento simplemente porque lo que viviste te afectó.
Hoy quiero dejarte un mensaje especialmente importante: No tienes que demostrar que eres fuerte todo el tiempo.
Puedes sentir miedo y seguir adelante, puedes estar triste y continuar con tu día. puedes agradecer estar bien y, al mismo tiempo, sentir dolor por quienes están atravesando pérdidas, puedes necesitar compañía, puedes necesitar llorar, puedes necesitar ayuda y p puedes darte permiso para no estar bien inmediatamente.
Lo que ocurrió fue real. El miedo fue real. El impacto emocional también puede ser real.
Pero recuerda algo:
Estamos aquí.
Estamos acompañándonos, estamos recuperando poco a poco nuestra sensación de seguridad, y así como después de un movimiento de la tierra necesitamos tiempo para que todo vuelva a estabilizarse, nosotros también podemos necesitar tiempo para volver a sentirnos estables por dentro.
No tienes que hacerlo solo.
Con amor,
Manuela
Psicóloga – Área de Bienestar


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